Diseño de oficinas en un edificio industrial

Desde un primer momento en este proyecto se ha buscado responder a las necesidades planteadas y conseguir al mismo tiempo diseñar un espacio que explique por sí solo todo lo que implica Last Tour.
Como siempre que nos enfrentamos a un nuevo proyecto, nuestra intención es la de estudiar exhaustivamente el contexto concreto, desde el propio espacio hasta el tipo de cliente y, una vez asimilados todos y cada uno de los datos, conseguir exprimir al máximo las virtudes potenciales de todos ellos.
Con este punto de partida se tomó una decisión a la hora de componer el espacio: crear un concepto claro y directo a partir del cual todo funcionara con la mayor versatilidad posible.
Para ello hemos diseñado una gran pieza esculpida en madera que ordena el espacio de acceso y supone el motor del resto del espacio. Una escultura a modo de plaza que, además de enriquecer espacial y visualmente todo el conjunto, cuenta con múltiples usos, intercambiables y amoldables a todo tipo de situaciones.
Una plaza que genera espacios que pueden ser destinados indistintamente a efectuar reuniones o presentaciones públicas, conciertos, eventos o simplemente a tomar un café o abstraerse durante un instante de la vorágine laboral.
Esta plaza al mismo tiempo sirve de espacio de bienvenida, de paso previo a la zona de trabajo manteniendo la distancia con la misma a través de la distancia visual que aporta la diferencia de cota, sin renunciar por ello a crear un espacio abierto y amplio.
Gracias a un juego de alturas en el que esa masa de madera se rompe para subir en unas zonas y bajar en otras se crean espacios con diferentes características, más resguardados a veces y más expuestos en otros casos, buscando según interese al usuario darle la opción de elegir. Dentro de este juego de planos, los propios elementos de unión de los mismos acaban generando escaleras y gradas que, a su vez, crean una mayor variedad de estancias y usos.
Como resultado final, una plaza que en poca superficie consigue un abanico de espacios y posibilidades funcionales enorme basándose en el concepto clásico de “anfiteatro”, espacios que favorecen la interrelación social así como la diversidad funcional, plaza que se acaba convirtiendo en la rótula que mueve el proyecto.
Una vez superada esta plaza, se aprovecha la superficie restante para ubicar el programa de trabajo con la creación de una zona más privada acústicamente de despachos adosados al muro ciego del local mediante mamparas de vidrio orientadas hacia el gran espacio abierto destinado a puestos de trabajo. Un gran espacio que permite, al igual que ocurría con la plaza, la mayor flexibilidad posible, algo esencial dado el peculiar funcionamiento de Last Tour en este aspecto. Un gran espacio abierto en el cual tres grandes cortinas colgadas del techo permiten la subdivisión del mismo según se necesite, aportando además una mejora acústica así como una imagen teatral como guiño al mundo del espectáculo cultural.
El esquema programático se completa con la creación de dos “phonecalls” ubicados en un punto accesibles desde cualquier punto de la oficina, una sala de copistería y archivo junto a ellos y, ya en la zona cercana al acceso al montacargas, el almacén y los aseos. Del mismo modo, un pequeño office integrado dentro de la gran plaza pero sutilmente escondido da servicio a la zona elevada y con vistas más privilegiadas.
En definitiva, el proyecto queda reducido a la creación de una gran plaza de carácter escultórico dentro de la cual cada espacio funciona como recepción, sala de reuniones, teatro, escenario, espacio de desconexión, bar, restaurante o casi cualquier uso para el que necesite prestar sus servicios. Una gran plaza que se convierte en un todo capaz de transformarse y generar cualquier tipo de evento, una gran plaza que genera cultura y calidad espacial y que, simplemente hundiéndose o creciendo acaba organizando un espacio destinado a la creación.


AutorGarmendia Cordero ArquitectosSituaciónBilbaoAño2017